Según el decreto publicado en el sitio web de la Casa Blanca el último viernes, Trump decidió suspender temporalmente la aplicación de una serie de medidas punitivas, restricciones y aranceles contra Rusia e Irán estipulados en la Ley Lindsey Graham. Esta decisión se adoptó apenas una semana después de que Estados Unidos y Rusia alcanzaran un acuerdo en materia de diésel.
Mantener la mesa de negociación
La Ley Lindsey Graham fue promulgada el pasado 18 de septiembre tras su aprobación en el Congreso estadounidense con el respaldo de ambos partidos, el Republicano y el Demócrata. La legislación busca endurecer las sanciones contra funcionarios, entidades bancarias y los sectores de energía y de defensa de Rusia, al tiempo que apunta a la “flota fantasma” presuntamente empleada por Moscú para transportar petróleo y eludir las sanciones occidentales. El texto otorga además al Presidente la facultad de imponer aranceles de hasta el 100 % a las mercancías procedentes de las naciones clasificadas entre los mayores importadores de petróleo y gas ruso. Sin embargo, el nuevo decreto ejecutivo exime la aplicación de varias de estas disposiciones sancionatorias y arancelarias antes de su entrada en vigor.
En defensa de su decisión, el actual inquilino de la Casa Blanca argumentó que la suspensión temporal de las sanciones persigue dos objetivos estratégicos: primero, mantener a Rusia en la mesa de negociaciones para poner fin al conflicto con Ucrania; y segundo, evitar que Moscú incremente su apoyo a Irán, una posibilidad que, según Trump, podría materializarse si Rusia se ve cada vez más acorralada por las sanciones.
El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, reafirmó esta postura ante los medios de comunicación de su país: “Esto representa un incentivo para Rusia. Si logra desescalar el conflicto con Ucrania, por ejemplo, a través de una tregua energética o la reducción de los combates para poder exportar diésel al mercado global, obtendrá un beneficio concreto. Se trata de una ‘zanahoria’ destinada a impulsar el fin del conflicto, no de un salvavidas económico para Rusia”.
En paralelo a la suspensión temporal de las sanciones impuestas a Rusia por parte de Washington, la información sobre una posible ralentización en la velocidad de transmisión del sistema de internet satelital Starlink (en su versión militar, Star Shield), también provocó una profunda preocupación a Kiev y Bruselas, ya que esta medida podría impactar de modo negativo en los planes operacionales del ejército ucraniano. Aunque altos funcionarios estadounidenses negaron la imposición de restricciones a Star Shield, según muchos expertos, estas controversias evidencian las crecientes tensiones entre Washington y Kiev.
Creciente presión
La incógnita que se plantea para Ucrania y sus aliados europeos es si los recientes giros en la política de Washington respecto al conflicto ruso-ucraniano constituyen un cambio irreversible o apenas una táctica coyuntural de cara a las elecciones de medio término de Estados Unidos, que se celebrarán el próximo 3 de noviembre, y cómo deben reaccionar ante ello Ucrania y la Unión Europea (UE).
Durante la Cumbre de la UE, celebrada los días 15 y 16 de octubre en Bruselas, los debates en torno al mantenimiento de la asistencia económica y militar a Ucrania en este complejo escenario figuraron entre las prioridades centrales del bloque. A pesar de los desafíos internos como el modesto crecimiento económico y las discrepancias presupuestarias comunitarias, la mayoría de los países del bloque continental reafirmó su compromiso de mantener el apoyo financiero a Kiev, considerado clave para la seguridad europea a largo plazo.
Al respecto, el canciller alemán, Friedrich Merz, declaró: “Queremos ratificar nuestra firme posición de respaldo a Ucrania. Al mismo tiempo, comprendemos que la parte estadounidense sostiene otros intereses, lo cual tomo en consideración. No obstante, nuestro respaldo a Kiev responde a los intereses estratégicos de Europa”.
Para Ucrania, las opciones resultan más complejas. Tras el anuncio del acuerdo sobre las entregas de diésel procedentes de Rusia y la posterior suspensión de las sanciones de Estados Unidos contra Moscú, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha calificado como “error” el cambio de rumbo de la Administración Trump hacia la potencia euroasiática en repetidas ocasiones.
Sin embargo, algunos analistas advierten que las declaraciones de Zelenski podrían resultar contraproducentes, una advertencia que ha cobrado mayor relevancia en los últimos días.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, afirmó el 18 de octubre que Ucrania sigue beneficiándose del acceso a Star Shield. Asimismo, subrayó que la prioridad de Washington es poner fin a las hostilidades lo antes posible e instó a Kiev (y a Moscú) a concentrar sus esfuerzos en alcanzar ese objetivo, en lugar de criticar las decisiones de Estados Unidos.
Por otra parte, Trump manifestó este lunes su disposición a participar en una cumbre trilateral entre Estados Unidos, Rusia y China, al margen de la Reunión Anual de Líderes del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), prevista para noviembre en la ciudad china de Shenzhen, cuya finalidad es abordar la crisis ruso-ucraniana. Esta iniciativa implica que las negociaciones para un eventual acuerdo de paz podrían desarrollarse sin la participación directa de Ucrania, un escenario que Kiev busca evitar a toda costa.
