El pasado viernes, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) informó de ataques contra objetivos iraníes en represalia por el asalto a un buque mercante que transitaba por el estrecho de Ormuz el 25 de junio. Las operaciones militares estadounidenses continuaron el 27 de junio, tras lo cual Irán respondió con el lanzamiento de misiles y drones contra bases estadounidenses en Baréin y Kuwait.
Represalias mutuas
Los enfrentamientos del fin de semana representan la escalada militar más grave entre Estados Unidos e Irán desde la firma, el 17 de junio, del Memorando de Entendimiento (MdE) para poner fin al conflicto, también conocido como Memorando de Islamabad. Los ataques estuvieron acompañados de acusaciones mutuas de violación del alto el fuego y de duras advertencias por parte de los dirigentes de ambos países. El presidente estadounidense, Donald Trump, advirtió que “Irán dejará de existir” si Washington reanuda su campaña militar, mientras que altos funcionarios iraníes afirmaron que Teherán está dispuesto a intensificar el conflicto si Estados Unidos no detiene sus operaciones.
Según analistas, el repunte de las tensiones responde a uno de los puntos más controvertidos de las negociaciones: la gestión del estratégico estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20 % del petróleo y gas mundiales. El MdE establece su reapertura plena y el retorno a las condiciones previas al conflicto en un plazo de 30 días.
El punto clave de la controversia reside en la interpretación del acuerdo. Irán sostiene que el memorando establece que únicamente Teherán y, en cierta medida, Omán tiene la potestad de decidir sobre la retirada de los obstáculos y la administración del tránsito marítimo a través del estrecho de Ormuz.
El ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, advirtió: “Cualquier intervención en este asunto, o cualquier intento de establecer mecanismos distintos o paralelos a los que está aplicando la República Islámica de Irán, sólo provocará una mayor complejidad de la situación, retrasará la reapertura del estrecho de Ormuz y agravará las tensiones. Es precisamente lo que ha ocurrido en los últimos días, cuando los incidentes registrados en el estrecho han intensificado la confrontación”.
Sin embargo, Estados Unidos rechazó esta interpretación. El presidente Donald Trump reiteró en varias ocasiones que, de acuerdo con el Memorando de Entendimiento suscrito por ambas partes, el estrecho de Ormuz debía reabrirse plenamente y que Irán no estaba autorizado a imponer tasas por el tránsito marítimo. En consecuencia, cualquier obstáculo al paso de buques mercantes por el estrecho constituiría, a juicio de Washington, una violación del acuerdo.
Por su parte, el embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, advirtió que la estrategia de Irán de utilizar el estrecho de Ormuz como instrumento de presión en las negociaciones perderá pronto su eficacia. Según explicó, varios países árabes del Golfo están acelerando el desarrollo de rutas alternativas para la exportación de hidrocarburos, principalmente mediante la construcción de oleoductos que atraviesan el desierto.
“La paciencia del presidente Donald Trump no durará para siempre, aunque continúan las discusiones, especialmente a nivel técnico, sobre cómo traer inspectores, el proceso de reducción nuclear y otros aspectos para garantizar que Irán nunca posea armas nucleares”.
Discrepancias en la interpretación del acuerdo
La escalada inesperada de tensiones entre Estados Unidos e Irán, pese a un acuerdo previo y negociaciones en curso, evidencia el alto riesgo de fracaso del entendimiento. La ambigüedad del acuerdo de 14 puntos ha generado interpretaciones divergentes, especialmente sobre el estrecho de Ormuz, el Líbano y la supervisión del programa nuclear iraní.
En el caso del Líbano, el acuerdo trilateral del 27 de junio entre Estados Unidos, Israel y el Líbano prevé restaurar la soberanía libanesa, desarmar a Hezbolá y facilitar la retirada israelí tras neutralizar la amenaza. Sin embargo, Irán apenas figura en el texto, pese a que Teherán afirma que debía desempeñar un papel más relevante en el equilibrio regional y que Israel debía cesar de inmediato sus operaciones en el sur del país, compromisos que no se han cumplido.
Sobre la cuestión nuclear, persisten discrepancias: Washington insiste en supervisar el uranio enriquecido iraní, mientras que Irán defiende su derecho a enriquecer uranio con fines civiles dentro de límites establecidos.
Estas contradicciones llevaron al director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, al advertir: “En ocasiones, las declaraciones ambiguas o contradictorias de ambas partes responden en parte a consideraciones políticas. Sin embargo, existe un acuerdo en vigor y, para su implementación, necesitaremos acceso pleno y la capacidad de llevar a cabo inspecciones”.
La cuestión ahora es si las tensiones militares y las divergencias en la interpretación del memorando conducirán a su colapso. Según los analistas, este escenario se considera poco probable, dado que tanto Washington como Teherán siguen dando prioridad a la vía diplomática.
Este domingo, medios estadounidenses informaron de que ambas partes habrían acordado cesar de inmediato los ataques mutuos y reanudar las conversaciones el 30 de junio en Doha, Qatar, con el objetivo de resolver las discrepancias en torno al estrecho de Ormuz. Inicialmente previstas en Suiza, las negociaciones se centrarán en el programa nuclear iraní, aunque la escalada en el estrecho ha trasladado el foco hacia la seguridad de esta vía marítima estratégica.
