Bautizados como aranceles del “Día de la Liberación”, con tasas de entre el 10 % y el 50 %, estos gravámenes generaron fricciones prolongadas entre Washington y numerosas grandes economías, hasta que las partes alcanzaron acuerdos provisionales.
Ganancias y pérdidas de la economía estadounidense
Casi un año después del anuncio, basado en la Ley de Poderes Económicos en Emergencias Internacionales de 1977 (IEEPA), el pasado 20 de febrero el Tribunal Supremo de Estados Unidos invalidó dichos aranceles. Sin embargo, apenas unas horas más tarde, el presidente Donald Trump anunció un nuevo gravamen adicional del 10% sobre las importaciones, amparado en la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, con una vigencia de 150 días. En la práctica, la política arancelaria estadounidense se ha mantenido durante el último año, con ajustes periódicos según cada socio y en función de los nuevos acuerdos comerciales.
Funcionarios estadounidenses han defendido esta estrategia al sostener que ha hecho a la economía del país “más resiliente, competitiva y segura”. Según estos datos, el déficit comercial de bienes de Estados Unidos se redujo un 24% entre abril de 2025 y febrero de 2026, en comparación con el mismo periodo del año anterior. En particular, el déficit con China y la Unión Europea cayó un 32 % y casi un 40 %, respectivamente, mientras que la balanza comercial bilateral mejoró con más del 63 % de sus socios. Además, Estados Unidos ha firmado o concluido negociaciones de más de 20 acuerdos comerciales, acompañados de compromisos de inversión por valor de billones de dólares en los próximos años.
No obstante, los indicadores macroeconómicos no presentan una evolución homogénea. Los análisis sobre el desempeño de 2025 frente a 2024, año en el que el propio Trump llegó a calificar la economía estadounidense como “muerta”, muestran que el Producto Interior Bruto (PIB) real creció un 2,1 % en 2025, por debajo del 2,8 % registrado el año anterior. El crecimiento del empleo también se desaceleró, situándose en el 0,5 %, frente al 1,2 % de 2024.
Pese a las afirmaciones del Gobierno sobre la atracción de nuevas inversiones a cambio de reducciones arancelarias, la inversión extranjera directa (IED) en Estados Unidos apenas aumentó un 1,2 % en 2025, frente al 2,7 % del año anterior. La inversión interna también perdió dinamismo, con un crecimiento del 2 % frente al 3 % previo. Asimismo, el esperado traslado masivo de la producción al territorio estadounidense aún no se ha materializado.
William George, director de investigación de ImportGenius, empresa estadounidense especializada en bases de datos comerciales, señaló: “Ante una política comercial incierta y cambiante, las empresas muestran reticencias a comprometerse con procesos de traslado de la producción, habida cuenta del elevado coste que implican y del carácter necesariamente a largo plazo de tales decisiones”.
En 2025, las importaciones de Estados Unidos aumentaron un 4% respecto a 2024, hasta los 3,4 billones de dólares, impulsadas en gran medida por el adelanto de compras (front-loading). El déficit comercial de bienes también creció alrededor de un 2 %, situándose en 1,24 billones de dólares. Los aranceles se tradujeron, además, en mayores costes para los consumidores. En agosto de 2025, la Reserva Federal de Estados Unidos estimó que los hogares asumían el 94 % de estos costes; hacia finales de año, la proporción descendió al 86 %. Los precios de los alimentos aumentaron un 2,9 % interanual y, según un estudio de Yale Budget Lab, un hogar medio afronta un incremento de unos 1.500 dólares anuales en gasto alimentario debido a los nuevos gravámenes.
Adaptación de las economías
En un contexto de perturbaciones comerciales derivadas de la política arancelaria estadounidense, la economía global ha acelerado la revisión de sus estrategias comerciales, con una mayor diversificación de socios y una reconfiguración de las cadenas de suministro.
Según el economista David Hebert, del Instituto Americano de Investigación Económica (AIER), los países están reduciendo barreras y reforzando la cooperación para compensar la pérdida del mercado estadounidense, en un proceso que define como una “reglobalización” basada en socios que respetan las reglas.
Por su parte, Kari Heerman, directora de comercio y política económica del Instituto Brookings, considera que, aunque persiste el diálogo con Washington, estas dinámicas reducirán a largo plazo la dependencia del mercado estadounidense.
“Lo que no se observa es una respuesta global coordinada. No se ha desencadenado una guerra comercial mundial a raíz de los aranceles del ‘Día de la Liberación’, pero sí se constata que los socios comerciales de Estados Unidos están ajustando, de una u otra forma, su modo de interacción económica con el país. Se aproximan entre sí y, al mismo tiempo, se distancian de Estados Unidos”, dijo.
La evolución del comercio global abre ahora múltiples interrogantes. En un contexto en el que el conflicto en Oriente Medio se ha convertido en prioridad para la Administración estadounidense, el debate sobre política comercial ha quedado parcialmente relegado. No obstante, Washington mantiene la aplicación de un nuevo arancel adicional del 10 % durante 150 días desde finales de febrero, al tiempo que intensifica el uso de instrumentos jurídicos, incluida la apertura de nuevas investigaciones comerciales, para sostener las medidas adoptadas el año anterior. Paralelamente, advierte a los países que consideren abandonar los acuerdos recientemente firmados con Estados Unidos.
David Super, profesor de la Universidad de Georgetown, señaló: “Los países se verán obligados a tomar decisiones. Aunque los aranceles impuestos el año pasado por el presidente Donald Trump no fueran legales, se aplicaron durante gran parte del año. Si un país rompe su acuerdo con Estados Unidos, Trump podría volver a imponer aranceles que posteriormente serían anulados. Sin embargo, algunos países no están dispuestos a esperar ese escenario, especialmente si la economía global entra en recesión”.
Otro elemento de incertidumbre es el impacto a largo plazo del conflicto en Oriente Medio. Algunos economistas advierten de que, si las tensiones se prolongan y mantienen elevados los precios de la energía, el crecimiento podría resentirse y tanto los socios de Estados Unidos como el propio país podrían verse obligados a adoptar políticas comerciales más flexibles, alejadas de posiciones arancelarias rígidas.
