La cita, presidida por el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, junto con el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, puede verse como representó un paso concreto hacia la creación de una red transnacional de fuerzas de izquierda y centroizquierda. El principal objetivo de la cumbre fue unir a las fuerzas progresistas para proteger los derechos fundamentales amenazados y encontrar soluciones comunes a los desafíos globales.

Además de líderes socialdemócratas europeos y latinoamericanos, el evento atrajo a numerosas figuras destacadas de diversos ámbitos, más allá de la política tradicional.

Entre los temas tratados se incluyeron la vinculación de la lucha contra el cambio climático con la protección de los derechos laborales, el fortalecimiento de los derechos de los grupos minoritarios y la libertad de prensa frente a las noticias falsas, así como la búsqueda de soluciones a la crisis del encarecimiento de vida, un tema frecuentemente utilizado por la derecha para captar votantes.