La celebración posee un profundo significado espiritual, al evocar los orígenes, honrar a los antepasados y expresar gratitud hacia los difuntos.
En esta jornada, los altares familiares se preparan con ofrendas sencillas, pero cargadas de simbolismo: platos de banh troi y cuencos de banh chay, acompañados de flores frescas, pequeños recipientes con agua, nuez de areca e incienso. Las familias suelen elaborar estos dulces en casa como muestra de respeto hacia Buda, los ancestros y las deidades tutelares.
Elaboradas con harina de arroz glutinoso y frijol, estas especialidades simbolizan el deseo de un clima favorable, cosechas abundantes y prosperidad. La festividad constituye además una ocasión para el reencuentro familiar, la preparación conjunta de las ofrendas y la transmisión de valores profundamente arraigados.
La preservación de esta tradición exige no solo el compromiso de las generaciones mayores, sino también la implicación de los jóvenes, llamados a reforzar su vínculo con las raíces culturales.
