Sin embargo, el resultado pasó a un segundo plano ante la decisión de la FIFA de permitir que el delantero estadounidense Folarin Balogun disputara el partido, una medida que desató la mayor controversia en los 96 años de historia del torneo.
Balogun había visto la tarjeta roja directa en el partido que Estados Unidos ganó a Bosnia y Herzegovina y debía cumplir un encuentro de suspensión, conforme al reglamento disciplinario. No obstante, pocas horas antes del duelo frente a Bélgica, la FIFA suspendió de forma inesperada la ejecución de esa sanción en aplicación del artículo 27 de su Código Disciplinario.
En lugar de cumplir el partido de suspensión, el delantero quedó sujeto a una suspensión condicional de un año, que solo se hará efectiva si comete otra infracción grave durante ese período. Gracias a esa decisión, Balogun pudo disputar el encuentro ante Bélgica, una resolución que generó una intensa polémica por carecer prácticamente de precedentes.
La medida provocó la inmediata protesta de la Real Asociación Belga de Fútbol (RBFA), que cuestionó la elegibilidad del jugador. También la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA) criticó la actuación de la FIFA por considerarla inédita y advirtió que dejar sin efecto una suspensión durante la disputa de un Mundial podría comprometer la igualdad competitiva del torneo.
La controversia cobró aún mayor dimensión después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmara haber solicitado personalmente a la FIFA que revisara la expulsión de Balogun. Trump precisó que únicamente pidió revisar la acción y negó haber ejercido presión para modificar la sanción disciplinaria.
