(VOVWORLD) - Los ejércitos de Estados Unidos e Israel lanzaron este sábado una ofensiva militar preventiva contra Irán, lo que desencadenó contundentes represalias de Teherán en todo Oriente Medio. Estos acontecimientos continúan poniendo a prueba la estabilidad regional y global.
El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán se intensificó poco más de un día después de que las conversaciones nucleares celebradas en Ginebra (Suiza) concluyeran en punto muerto el 26 de febrero. Este episodio constituye además el segundo enfrentamiento militar directo entre las partes en menos de un año, tras el conflicto de junio pasado.
Una apuesta para todas las partes
En los ataques iniciales, los ejércitos de Estados Unidos e Israel golpearon a altos dirigentes del gobierno de Irán. El líder supremo del país persa, el ayatolá Alí Jamenei, murió el primer día del conflicto junto con varios generales iraníes de alto rango. En respuesta, Irán lanzó cientos de misiles y drones contra objetivos en Israel y contra bases militares estadounidenses en países de la región, entre ellos Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Baréin, Arabia Saudita y Kuwait. Estos hechos aceleraron la escalada del segundo conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, con una intensidad superior a la del año pasado.
Jonathan Panikoff, director de la Iniciativa de Seguridad para Oriente Medio del Consejo Atlántico, señaló que la principal diferencia entre el conflicto de 12 días del año pasado y el actual radica en el cambio de estrategia de la administración estadounidense y del presidente Donald Trump.
En el conflicto de 12 días del año pasado, Estados Unidos no tomó la iniciativa; lo hizo Israel. Washington intervino solo tras un prolongado proceso de deliberación, con el objetivo específico de destruir la infraestructura y la capacidad nuclear de Irán, algo que Israel no había conseguido. En el conflicto actual, sin embargo, Donald Trump ha manifestado abiertamente su intención de provocar un cambio de régimen en Irán. Según Jonathan Panikoff, se trata de un cálculo arriesgado ya que no está claro cómo Estados Unidos podría alcanzar ese objetivo y, cuanto más se prolongue el conflicto, mayor será la probabilidad de que surjan factores desfavorables. Al respecto dijo:
“La realidad es que, en un primer momento, el entusiasmo será elevado; sin embargo, a medida que el conflicto se prolongue y aumenten las pérdidas, a Donald Trump le resultará cada vez más difícil mantener el respaldo, incluso entre algunos republicanos en el Congreso y sectores independientes en todo el país”.
Burcu Ozcelik, experta británica en seguridad de Oriente Medio y el Norte de África del Instituto Real de Servicios Unidos (RUSI), comparte esta valoración y sostiene que el conflicto actual constituye una apuesta para todas las partes, ya que es poco probable que los actuales ataques aéreos de represalia entre Estados Unidos, Israel e Irán conduzcan a corto plazo a un resultado satisfactorio para todos.
“Se trata de una gran apuesta para todas las partes. Hay demasiadas incógnitas en este escenario. Es una apuesta para el presidente Donald Trump porque, en caso de producirse bajas, ello supondría un revés político significativo y podría resultar contraproducente ante la opinión pública estadounidense. Es una apuesta para Israel, porque aún no puede estimarse plenamente el daño que Irán podría infligirle. Y, por supuesto, también es una apuesta para Irán”, comentó Ozcelik.
Consecuencias amplias
El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha sumido la paz en Oriente Medio en una nueva fase de inestabilidad. Se produce tras casi tres años de enfrentamientos entre Israel y Hamás en la Franja de Gaza, tensiones con Hezbolá en el Líbano y la inédita confrontación directa entre Israel e Irán el pasado junio, que ha reconfigurado el entorno de seguridad regional. El efecto más inquietante, según analistas, es el impacto inmediato sobre otros países de la zona tras los ataques iraníes contra bases militares estadounidenses.
Para Ali Vaez, director del proyecto sobre Irán del Grupo de Crisis Internacional (ICG), la respuesta rápida y contundente de Irán contra activos estadounidenses podría ampliarse a infraestructuras energéticas estratégicas, con riesgo de crisis global. El peor escenario, advirtió el secretario general de la ONU, António Guterres, sería una escalada mayor que frustre por completo los esfuerzos diplomáticos.
“Las operaciones militares se expanden con rapidez por Oriente Medio, generando una situación extremadamente frágil e impredecible que eleva el riesgo de errores de cálculo. Pese a que, tras las negociaciones políticas, se habían completado los preparativos para las conversaciones técnicas en Viena, esa oportunidad diplomática se ha perdido”, señaló.
El impacto inmediato del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán ha generado efectos económicos adversos y reacciones en cadena en los mercados financieros globales. Desde el oro y las criptomonedas hasta las bolsas de Asia-Pacífico y los futuros estadounidenses, predomina la aversión al riesgo.
Los precios internacionales del oro se dispararon ante la creciente demanda de activos refugio. Además, la declaración del presidente Donald Trump de que las operaciones militares en Irán continuarían, incrementó el temor a un conflicto prolongado, manteniendo elevada la incertidumbre. También crece la preocupación por un posible bloqueo del estrecho de Ormuz, ruta clave para el comercio y los flujos energéticos mundiales. En conjunto, estos factores no sólo erosionan la estabilidad regional, sino que plantean serios desafíos para el equilibrio económico y geopolítico global.