(VOVWORLD) - La Organización de las Naciones Unidas afronta una de las crisis financieras más graves de su historia reciente, una coyuntura que no solo compromete su operatividad cotidiana, sino que amenaza con debilitar su papel central en el sistema multilateral, precisamente en un contexto internacional de creciente inestabilidad.
El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió el pasado 31 de enero a los 193 Estados miembros de que la organización se encuentra inmersa en una severa crisis de liquidez, con un riesgo tangible de colapso financiero en el corto plazo. Así lo expuso en una carta en la que alertó sobre las crecientes dificultades para sostener las actividades esenciales del principal organismo multilateral del planeta.
El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres. (Foto: REUTERS/Eduardo Muñoz) |
Dificultades presupuestarias persistentes
En su misiva, Guterres puso de relieve la gravedad de la actual situación financiera, atribuida fundamentalmente al retraso o incumplimiento de las obligaciones económicas por parte de algunos Estados miembros, así como a la devolución de fondos no ejecutados como consecuencia del pago tardío de las contribuciones. Ya en noviembre de 2025, el Secretario General de la ONU había advertido que el reembolso de cerca de 300 millones de dólares en créditos podía precipitar una crisis de liquidez en 2026, un escenario que hoy se ha convertido en realidad.
Conforme a las normas vigentes, las aportaciones financieras de los Estados miembros se calculan en función del tamaño de sus economías. Estados Unidos y China representan, respectivamente, el 22 % y el 20 % del presupuesto total de la organización. No obstante, desde hace años la ONU arrastra dificultades estructurales derivadas de la morosidad recurrente de varios países.
Esta situación se ha visto agravada recientemente tras la decisión del Gobierno de Estados Unidos de recortar la financiación destinada a diversas agencias del sistema de las Naciones Unidas y de incumplir sus contribuciones obligatorias tanto al presupuesto ordinario como al de las operaciones de mantenimiento de la paz. El presidente estadounidense, Donald Trump, justificó esta postura al considerar que, pese a su considerable potencial, la organización no ha desempeñado plenamente su función y promueve determinadas agendas que Washington estima contrarias a sus intereses nacionales.
Otro factor estructural que intensifica la crisis es la rigidez del sistema de gasto de la ONU, que obliga a destinar los recursos exclusivamente a los mandatos aprobados y, en caso de no ejecutarlos, a devolverlos a los Estados miembros, sin margen para su reasignación hacia otras prioridades urgentes.
Al respecto, el portavoz adjunto del organismo, Farhan Haq, señaló: “Aunque más de 150 Estados miembros cumplieron con sus obligaciones financieras en 2025, la ONU concluyó el ejercicio sin haber recibido 1,56 mil millones de dólares en contribuciones correspondientes a los países restantes, una cifra que duplica la registrada el año anterior. En consecuencia, si no se efectúan los pagos pendientes o si persiste la obligación de reembolsar los fondos no ejecutados, la organización se enfrenta a un riesgo real de agotamiento de sus recursos financieros”.
Con el propósito de hacer frente a esta situación, el Secretario General de las Naciones Unidas creó el año pasado, coincidiendo con el 80.º aniversario de la ONU (1945-2025), un equipo especial denominado UN80, encargado de reducir costos y elevar la eficiencia operativa. Posteriormente, los países integrantes acordaron recortar cerca del 7 % del presupuesto para 2026, que quedó fijado en 3,45 mil millones de dólares. Sin embargo, las tensiones financieras persisten y la organización podría quedarse sin liquidez a partir del próximo mes de julio.
El impacto de los recortes ya se ha hecho sentir en varias agencias del sistema de la ONU, entre ellas la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH). En el caso de esta última, en 2025 solo se recibieron 191 millones de dólares, pese a que la Asamblea General había aprobado un presupuesto de 246 millones.
El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus. (Foto: Fabrice Coffrini/Pool vía REUTERS) |
Riesgos para el papel de la ONU en el sistema internacional
Las restricciones financieras afectan de manera transversal a los distintos ámbitos de actuación de la ONU. En el caso del ACNUDH, la escasez de recursos ha obligado a reducir personal y recortar o cancelar programas en numerosos países. En 2025, el número de misiones de supervisión de derechos humanos descendió de forma significativa respecto al año anterior.
Por su parte, la OMS ha anunciado planes para una reducción sustancial de su plantilla. Su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que el fondo salarial de la organización para el período 2026-2027 registrará un déficit de entre 560 y 650 millones de dólares, equivalente a aproximadamente el 25 % del gasto total actual en personal. Además, tras la retirada de Estados Unidos, su principal contribuyente, a comienzos de este año, el déficit presupuestario acumulado de la OMS para los próximos tres años podría alcanzar los 2.500 millones de dólares.
Según diversos analistas, la crisis financiera que afecta a la ONU y sus organismos plantea desafíos de gran calado para la comunidad internacional. La profesora Veronika Fikfak, experta en derechos humanos y derecho internacional de la Universidad de Londres, señaló: “Algunos Estados han incumplido sus obligaciones financieras con la ONU. En el pasado, otros países solían cubrir esos déficits, pero en los últimos cinco a diez años se ha configurado una auténtica crisis presupuestaria, derivada de la negativa de las grandes potencias a contribuir. En la práctica, esta situación ha mermado la capacidad de la ONU y varias de sus agencias para cumplir sus mandatos, planificar a medio y largo plazo y participar de manera estratégica en los debates internacionales. Se trata de una dinámica destinada a reducir la influencia y la eficacia de una institución clave del sistema internacional”.
Esta advertencia es compartida por numerosos expertos, que coinciden en que, si el incumplimiento financiero se generaliza, la ONU continuará debilitándose y perderá capacidad para asumir responsabilidades esenciales en materia de paz, seguridad y desarrollo social, en un contexto de crecientes turbulencias geopolíticas a escala mundial.