Según la agencia japonesa Kyodo, Beijing justificó la medida por la necesidad de supervisar el agua tratada descargada desde la central nuclear de Fukushima Daiichi, afectada por el terremoto y tsunami de 2011.
Cuando Japón inició estas descargas en agosto de 2023, China impuso un veto total a las importaciones japonesas de productos marinos. Posteriormente, las partes mantuvieron varias rondas de diálogo y, a principios de este mes, Beijing levantó parcialmente la prohibición. La nueva decisión representa, sin embargo, un retroceso en la política de importación.
El anuncio se produce un día después de las conversaciones en Beijing entre altos funcionarios de ambos países sobre recientes declaraciones de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, respecto a Taiwán, que no lograron avances.
