Sin embargo, el hecho de que ambas partes hayan aceptado mantener un diálogo directo de alto nivel sugiere que, por ahora, la vía diplomática sigue siendo prioritaria.

El 11 de abril, las conversaciones celebradas en Islamabad (Pakistán) entre la delegación estadounidense, encabezada por el vicepresidente J. D. Vance, y la delegación iraní, liderada por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, concluyeron tras 21 horas de negociaciones sin resultados concretos.

Desacuerdos profundos

Antes de abandonar Pakistán, el vicepresidente estadounidense afirmó que la falta de acuerdo perjudica más a Irán que a Estados Unidos. Reiteró, además, que la principal exigencia de Washington es que Teherán renuncie a la producción de armas nucleares y desmantele las capacidades técnicas que le permitirían fabricarlas.

Por su parte, los comunicados iraníes evidencian divergencias en múltiples frentes, desde la gestión de las reservas de uranio enriquecido al 60 %, las garantías de seguridad para evitar futuros ataques y las demandas de compensación a Estados Unidos e Israel, hasta cuestiones relacionadas con el control del estrecho de Ormuz y las operaciones militares israelíes en el Líbano.

Según Ghalibaf, el principal obstáculo es la falta de confianza de Irán hacia Estados Unidos. Analistas consideran que el fracaso de esta primera ronda de conversaciones era previsible, dada la complejidad de los factores en juego. No obstante, el experto Trita Parsi, vicepresidente ejecutivo del Instituto Quincy para una Gobernanza Responsable, con sede en Estados Unidos, señaló que este resultado no determina necesariamente el desenlace de futuras negociaciones.

“Ambas partes buscan evitar la percepción de un acuerdo prematuro que pueda interpretarse como una concesión excesiva ante sus respectivas opiniones públicas. Por ello, la ausencia de un acuerdo en esta primera ronda de conversaciones no resulta determinante. No obstante, si las posiciones permanecen alejadas y la situación se deteriora, podría convertirse en un indicio preocupante”, manifestó la experta.

La comunidad internacional también ha reaccionado con cautela. Aunque persiste la frustración por la falta de avances concretos, numerosos líderes consideran poco realista esperar un acuerdo inmediato tras semanas de intenso conflicto. El portavoz del secretario general de la ONU, Stéphane Dujarric, subrayó: “Tras semanas de destrucción y desgaste, resulta evidente que no existe una solución militar al conflicto en Oriente Medio. Aunque las conversaciones en Islamabad no hayan desembocado en un acuerdo, el hecho de que ambas partes dialoguen constituye un avance positivo hacia la reanudación del proceso diplomático. Dadas las profundas divergencias, no cabe esperar resultados inmediatos”.

Diplomacia a contrarreloj

Si bien la comunidad internacional no se muestra pesimista ante la falta de un acuerdo, advierte sobre factores que podrían desencadenar una rápida escalada.

Entre las principales preocupaciones figura la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de imponer el bloqueo del estrecho de Ormuz a partir del 13 de abril. Esta medida contempla la interceptación de buques que paguen tasas a Irán para transitar por esta ruta estratégica. Trump también ha amenazado con destruir cualquier fuerza iraní que interfiera en el operativo.

Según Trita Parsi, se trata de una nueva estrategia de Washington que busca no solo presionar los ingresos petroleros de Irán, sino también implicar a potencias con importantes vínculos energéticos con el país, como China e India, para influir en la posición de Teherán. No obstante, el experto advierte que esta situación también podría generar tensiones con dichos países y provocar represalias por parte de Irán.

Uno de los escenarios más preocupantes sería una respuesta de los hutíes en Yemen, aliados de Irán, mediante el bloqueo del mar Rojo, por donde transita cerca del 12 % del petróleo mundial. En tal caso, hasta un 32 % del suministro global podría verse comprometido, con graves repercusiones para la economía internacional.

El analista de seguridad paquistaní Zahid Hussain advirtió: “No creo que los combates se reanuden de inmediato, pero tampoco que la situación se relaje. La tensión persistirá y todo indica que Estados Unidos continuará incrementando la presión sobre Irán. En este contexto, bastaría un incidente para desencadenar una nueva escalada de gran intensidad”.

Ante este panorama, y especialmente de cara al plazo de dos semanas fijado por Washington (hasta el 21 de abril), se intensifican los esfuerzos diplomáticos multilaterales. En consecuencia, el 13 de abril, el Kremlin informó de que el presidente de Rusia, Vladímir Putin, mantuvo una conversación telefónica con su homólogo iraní, Masoud Pezeshkian, en la que reiteró la propuesta de que Moscú reciba el uranio enriquecido iraní como parte de un eventual acuerdo.

Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, anunció que Francia y Reino Unido coordinarán una “misión de paz multinacional” destinada a garantizar la libre navegación en el estrecho de Ormuz, independiente de las partes en conflicto y ajena al plan de bloqueo estadounidense.

En una señal de que la vía diplomática sigue abierta, el vicepresidente estadounidense J. D. Vance afirmó que las conversaciones en Islamabad han registrado ciertos avances y que su éxito dependerá en gran medida de la flexibilidad de Irán en cuestiones clave para Washington.